Estados Unidos derribó con un misil un satélite espía a la deriva

HONOLULU, EEUU (AFP) — Un misil lanzado desde un buque de guerra estadounidense interceptó con éxito un antiguo satélite espía norteamericano a la deriva, para evitar, según el gobierno, que cayera en la Tierra con el tanque lleno de un combustible altamente tóxico.

"Aproximadamente a las 10H26 de hoy (03H26 GMT del jueves), el 'USS Lake Erie', un buque de guerra de la clase Aegis, disparó un misil táctico SM-3 que impactó contra el satélite a unos 247 km de altitud sobre el Océano Pacífico cuando se desplazaba por el espacio a más de 11.265 km/h", anunció el Pentágono en un comunicado.

El satélite espía, del tamaño de un autobús, estaba a la deriva y su tanque contenía hidracina, un combustible para los motores de los satélites altamente tóxico.

Portavoces militares dijeron que el misil redujo el satélite a piezas del tamaño de un balón, aunque el Pentágono dice no estar 100 por ciento seguro de haber destruido el tanque de combustible.

"Hasta ahora no hemos visto nada más grande que un balón de fútbol", declaró el jefe adjunto del estado mayor conjunto estadounidense, general James Cartwright, durante una conferencia de prensa.

Hay "un alto grado de certeza de que golpeamos el tanque", que era el objetivo establecido, pero "aún no podemos afirmarlo de manera cierta", precisó.

El gobierno estadounidense había afirmado que el misil fue lanzado para derribar al satélite espía, ya que existía el peligro de que cayera sobre la Tierra y diseminara la hidracina, un químico que puede atacar el sistema nervioso central y ser mortal en fuertes dosis.

El gobierno de George W. Bush advirtió que sin esta intervención, el satélite averiado hubiera llegado a la atmósfera terrestre el 6 de marzo y se habría estrellado en un punto impredecible.

Algunos países, como Rusia y China, mostraron su preocupación por esta operación, que consideraron un ensayo antimisiles.

"China pide a Estados Unidos que respete seriamente sus obligaciones internacionales y proporcione rápidamente a la comunidad internacional la información necesaria para que los países afectados puedan tomar sus precauciones", declaró el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores, Liu Jianchao.

"China sigue de cerca los posibles perjuicios para la seguridad en el espacio y para los países afectados, causados por la acción estadounidense", agregó.

"Estamos dispuestos a compartir lo que, de manera apropiada, podamos", dijo al respecto el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, quien defendió que toda la operación se desarrolló con "completa transparencia y permitiendo a todos saber lo que estaba pasando y la finalidad de la acción".

Washington negó buscar encubrir secretos tecnológicos o estar haciendo una demostración de poder, rechazando cualquier paralelismo con China, que usó sus misiles para derribar un viejo satélite meteorológico en enero de 2007.

Según el portavoz del departamento de Estado Sean McCormack, la misión china "fue específicamente diseñada como una prueba contra el satélite, (para probar) la habilidad para destruir el satélite", mientras que la misión estadounidense es "un intento para tratar de proteger a la población en tierra".

Sin embargo, Gates se jactó de que tras el éxito de la operación la cuestión sobre si el programa de misiles defensivos funciona "ha sido resuelta".

"La cuestión sobre si esta capacidad funciona ha sido resuelta. La cuestión (que permanece) es qué tipo de amenaza, cuán grande es la amenaza, cuán sofisticada es la amenaza (que enfrenta Estados Unidos)", afirmó.

Una semana atrás, el presidente George W. Bush "ordenó al departamento de Defensa proceder a la interceptación" del satélite mediante un misil mar-aire, para asegurarse de que los restos caigan al agua evitando poner en peligro a la población, explicó McCormack.

El plazo para destruir el satélite, en órbita desde 2006, comenzaba este miércoles y se extendía hasta el 29 de febrero, dijo.