BOGOTÁ (AFP) — La euforia, la evaluación de los años privados de libertad y el reajuste a la nueva vida familiar marcarán el proceso de recuperación de los rehenes de las FARC recién liberados, entre los que Ingrid Betancourt aparece como mejor situada para superar las secuelas del cautiverio.
La ex candidata presidencial "ha sido el símbolo de lo que significan muchos años de secuestro", recordó la psicóloga Darcy Lucía Nieto, lo que le da un "valor diferente a todas las secuestradas políticas de menor rango".
Aunque la recuperación de cada uno tiene "diferente intensidad y diferente tiempo" pese a que todos han pasado por lo mismo, "ocupar y recuperar el tiempo perdido es una forma de salir adelante". Y esto Betancourt, lo ha demostrado en las primeras 48 horas de libertad, en las que ha desplegado una actividad frenética de encuentros familiares, sobre todo con sus hijos, y citas con los medios de comunicación. También ha participado en los actos que el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, ha consagrado a esta colombiana con nacionalidad francesa, cuya liberación convirtió en uno de los principales ejes de su política exterior.
Y las apuestas sobre su futuro político empiezan a dispararse.
Un secuestro "siempre va a dejar huellas", explicó Olga Gómez, directora ejecutiva de la organización no gubernamental País Libre, que lleva 16 años dando ayuda psicológica a las víctimas de secuestros y a sus familias.
Para los ex rehenes recuperar el pulso de la vida será un proceso lento y penoso que durará hasta dos años y precisará de mucha ayuda psicológica, tanto para las víctimas como para sus familiares. Trastornos traumáticos como el insomnio, el miedo a que vuelva a suceder, o cambios en los vínculos afectivos, son algunos de los problemas que enfrentan las víctimas en los primeros meses tras recobrar su libertad.
Según Gómez, la "pérdida de control sobre su vida" durante un secuestro hace que las víctimas se sientan mucho más vulnerables. "Salen del cautiverio desconfiados, con un montón de defensas psicológicas", por lo que retomar hábitos, como dormir en una cama, "puede resultar difícil y no siempre se logra", agregó.
El primer año de vuelta a la vida en libertad es decisivo para un ex secuestrado, que pasará por varias etapas. El cumplimiento de cada una de ellas determinará su futuro. La primera y más llamativa, como se ha podido comprobar con los 15 rehenes arrebatados el miércoles a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), es la euforia, la hiperactividad y la lucidez tras dejar atrás hasta diez años de calvario. "Hay muy poca vida privada en los primeros mes y medio, dos meses", explicó Gómez a la AFP, en comunicación telefónica desde Cali (suroeste).
Después llegará la fase de "evaluación": saber con qué se quedan, qué han perdido, cómo se ha transformado la familia. Es el momento de "recoger mucha información de amigos y familiares" para "suplir el vacío" al que los condenó el secuestro, precisó.
Lo más duro llega a partir del "cuarto o quinto mes" en libertad, con el "reajuste" a la nueva vida, "los pactos con la familia y la reinserción laboral", añadió. Es el momento, según Nieto, de hacer "un balance de pérdidas y ganancias", que se establecen después de superar el trauma.
Pero no todo el mundo llega a esta última etapa. El 25% de los rehenes liberados sufrirá secuelas psicológicas irreversibles, según la psicóloga. Todo dependerá de la personalidad de cada uno y de la "historia previa", como la tendencia depresiva, los problemas conyugales o las fisuras familiares, la situación económica y sobre todo, de la posibilidad de reinsertarse en el mundo laboral o profesional. Y esto Ingrid Betancourt, lo tiene asegurado.
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