WASHINGTON (AFP) — El presidente George W. Bush sugirió que podría comenzar a retirar las tropas estadounidenses de Irak durante su visita relámpago del lunes, pero no dijo cuándo ni cómo serían esos eventuales retiros, que además van contra la opinión de los jefes militares en terreno.
Bush dejó la respuesta a estas quemantes cuestiones en manos del general David Petraeus y al embajador Ryan Crocker, que la semana que viene deben declarar ante el Congreso sobre los resultados de una estrategia de ocupación que llevó a la actual cantidad de soldados estadounidenses en Irak al récord de 162.000.
En cambio, Bush aseguró que hubo avances en la provincia iraquí de Al Anbar, donde sunitas anteriormente insurgentes a la ocupación se volvieron contra Al Qaida. El presidente estadounidense se basó en este hecho para dar una visión sorprendentemente optimista de la situación en el conjunto de Irak, donde en realidad los enfrentamientos son cotidianos.
Los principales asesores de Bush, que también viajaron secretamente a Irak para este "consejo de guerra" del lunes, reforzaron la visión de que podría llegarse a una disminución de tropas estadounidenses.
El usualmente prudente secretario de Defensa, Robert Gates, afirmó estar en el momento de mayor optimismo sobre Irak desde que fue nombrado en diciembre, para luego decirle a los periodistas que los avances estadounidenses pueden verse no solo en Al Anbar sino en todo Irak y que eso "tal vez" pueda llevar a retirar a algunos soldados.
"Claramente este es uno de los temas principales que hemos estado evaluando", dijo. "Cuál es la situación en términos de seguridad, cuál es la situación de seguridad que esperamos para los meses siguientes" y "qué oportunidades da eso en términos de mantener la situación de seguridad al tiempo que tal vez comencemos a bajar el nivel de tropas", agregó.
Pero el que logren bajar las tropas en un lapso de tiempo lo suficientemente adecuado como para apaciguar las exigencias del Congreso -dominado por la oposición demócrata y cuando Estados Unidos ya entra en la carrera a las elecciones de 2008- esa ya es otra cuestión.
Los jefes militares estadounidenses en Irak opinan que el nivel de tropas debe ser mantenido en su nivel actual al menos hasta mediados de 2008, advirtiendo que las fuerzas formadas locales no están listas para tomar la posta.
Incluso en Al Anbar, donde hay bastante consenso sobre el hecho de que los sunitas se vuelcan contra Al Qaida, hay desacuerdo sobre los motivos que llevaron a estos ex insurgentes a buscar alianzas con las fuerzas estadounidenses.
El gobierno central de Irak, en manos de chiitas, reaccionó con recelo a este sorpresivo "despertar" sunita, y actúa lentamente en cuanto a canalizar fondos y otros apoyos a los gobiernos locales en el lugar.
Un miembro de la inteligencia estadounidense opinó que sin el apoyo del gobierno central iraquí las nuevas alianzas con los sunitas no se reflejarán en el plano político.
Reconociendo la existencia de frustraciones, Bush hizo que el primer ministro Nuri al Maliki y su entorno se sentara con líderes tribales durante su visita a la base aérea de Al Asad.
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