Tercer año de Raúl en el poder comenzó con apretón y sin cambios en Cuba

LA HABANA (AFP) — El tercer año de Raúl Castro en el poder comenzó para los cubanos con augurios de apretones económicos, y sin oír hablar por ahora al presidente de los cambios que esperan para aflojar las estrecheces de su vida diaria.

En un discurso revestido de gran simbolismo por centrar la fiesta principal de la revolución, el gobernante, de 77 años, pidió a los cubanos el sábado que se preparen para tiempos duros: "Hay que acostumbrarse a no sólo recibir buenas noticias", advirtió.

Raúl, al frente de Cuba ante la enfermedad de Fidel Castro, hizo un recuento de las obras de infraestructura en sectores prioritarios como el agua y el petróleo, pero advirtió que se debe ahorrar y trabajar más, aumentar la eficiencia y la producción de alimentos.

"Ha insistido en que hay que trabajar muy duro. No esperaba grandes anuncios porque, como ha dicho Raúl, hay que ir poco a poco", dijo Fe María Pinatel, quien trabaja en la televisora estatal de la oriental Santiago de Cuba.

Su discurso, de 48 minutos y transmitido para toda la isla, siguió la línea del que pronunció el 11 de julio en el Parlamento, cuando anunció ajustes económicos, y contrastó con el de hace un año en que anunció "cambios estructurales".

"Todavía nos faltan muchas cosas, muchas que quisiéramos pudiera disfrutar nuestro pueblo (...) pero por muy grandes que sean nuestros deseos de resolver cada problema, no podemos gastar más de lo que tenemos", dijo Raúl Castro el sábado, en el 55 aniversario del asalto al Cuartel Moncada, chispa que encendió la revolución.

Despertó expectativas tras tomar el mando provisionalmente en julio de 2006, y más aún en febrero pasado cuando asumió como presidente debido a que su hermano, el histórico líder comunista Fidel Castro, por cumplir 82 años, no se recupera aún de la enfermedad.

"Yo esperaba otra cosa, alguna medida, algún cambio, pero nada. Todo sigue igual, para mí no hay nada nuevo, bueno nada bueno, porque la cosa se va a poner peor", dijo a la AFP Yolanda Fernández, un ama de casa de 43 años.

A Clemente Oviols, un electricista que dice estar más que cansado de la burocracia estatal, le gustó del discurso "cuando dijo de que el dirigente que no cumpla lo va a quitar del puesto". "Eso eliminará muchos de los problemas que tenemos", opinó.

"El hombre dijo que esto estaba malo, que se iba a poner peor. Pero es que la gente no quiere trabajar", comentó José Soler, de 62 años, quien estaciona autos en el mercado agrícola en el barrio del Cerro, en La Habana.

Raúl emprendió reformas en la agricultura, postergará la edad de retiro en cinco años, decidió imponer orden, control y rigurosa exigencia para elevar la eficiencia, evitar robos al Estado, eliminar el igualitarismo y techo salarial y poner impuestos.

"El cinto ya no tiene más hueco donde apretar. Nos ilusionamos con el discurso del año pasado, pero ahora cayó un balde de agua fría, después de tanta esperanza", opinó el economista disidente Oscar Espinosa Chepe.

Para el opositor moderado Manuel Cuesta, Raúl "tomó de referencia el pasado en vez de hablar para el futuro, defraudó la esperanza de cambios realmente serios".

Pero muchos destacan que el transporte mejoró y hay menos apagones, además que eliminó prohibiciones que irritaban a los cubanos como no poder hospedarse en hoteles, contratar celulares o comprar computadores.

Además de la solución al transporte, la vivienda y la alimentación, la gente quiere que se elimine la doble moneda -pesos devaluados y moneda dura- y las restricciones sobre los viajes al exterior, más espacio para negocios privados, el libre comercio de autos y casas.

Raúl dice que no hay solución mágica. "Los problemas y tareas fundamentales los seguiremos analizando con el pueblo (...). Así buscaremos las mejores soluciones, sin preocuparnos por quienes en el exterior intentan sacar partido de esos debates", expresó el sábado.

Dice contar con el apoyo total de su hermano Fidel y ahora prepara al país para celebrar el 50 aniversario de la revolución, el 1 de enero, también en Santiago de Cuba, donde ambos empezaron la lucha armada.

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