WASHINGTON (AFP) — Pese a su aire inocente, es la última enemiga de los ecologistas estadounidenses: el agua embotellada, acusada de sumar inutilidad y contaminación, es objeto de una encarnizada batalla en Estados Unidos.
Desde hace unos meses se han multiplicado los llamamientos para exhortar a los estadounidenses a abandonar el hábito de consumir agua embotellada y retomar el reflejo de beber agua del grifo.
"Este país dispone de uno de los mejores suministros de agua pública del mundo. En vez de consumir 15.000 millones de litros anuales de agua embotellada deberíamos comenzar a pensar lo que estas botellas hacen al suelo", indicó a principios de mes un editorial del New York Times.
Un consumo de tal magnitud puede parecer astronómico. Pero en la apertura de la 'Semana mundial del agua' el lunes en Estocolmo, los organizadores del congreso recordaban que los norteamericanos consumen cada día 400 litros en total, frente a 10 litros de las personas pobres de los países en desarrollo.
Y los estadounidenses demandan cada vez más agua embotellada. Según la Beverage Marketing Corporation, el consumo aumentó un 9,7% en 2006 para alcanzar casi 11.000 millones de dólares (unos 8.104 millones de euros) anuales.
Agua embotellada no significa agua mineral, pese a que los estadounidenses se niegan cada vez más a pagar sin tener clara la diferencia. A finales de julio, PepsiCo se vio forzado, bajo la presión pública, a precisar en sus botellas de Aquafina que el agua provenía de hecho... del grifo.
Y es que mineral o no, el agua embotellada cuesta cara. El New York Times estima que un año de consumo puede costar hasta 1.400 dólares (unos 1.031 euros), frente a apenas 49 centavos (unos 36 céntimos) en el caso de que se beba agua del grifo.
Sin embargo, "el agua embotellada no es necesariamente más limpia o más segura que el agua del grifo", afirma, en base a un estudio científico, el Consejo de Defensa de los recursos naturales (NRDC), que sostiene que la reglamentación no alcanza para asegurar la pureza del agua embotellada.
Otro ángulo del ataque es el desperdicio de los envases: según Earth Policy Institute, se necesitan 1,5 millones de barriles de petróleo por año para fabricar las botellas consumidas por los estadounidenses.
Si a eso se le suma la energía necesaria para el transporte -el agua más codiciada proviene de Francia, Italia o las Islas Fidji- la carga ecológica aumenta fuertemente.
Ante la andanada de críticas, las industrias lanzaron la semana pasada una campaña publicitaria en la prensa.
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