Bush persiste en negar las torturas pese a testimonios y documentos

WASHINGTON (AFP) — Los testimonios de las víctimas concuerdan, los reveladores documentos salen uno tras otro a la luz, pero el presidente estadounidense, George W. Bush, insiste: la tortura no forma parte del arsenal estadounidense contra el terrorismo.

"Este Gobierno no tortura gente. Nos apegamos a la ley estadounidense y a nuestras obligaciones internacionales", dijo Bush este viernes, al día siguiente de que el New York Times revelara la existencia de documentos del ministerio de Justicia justificando las técnicas de interrogatorio violentas.

Según el diario, los documentos, en vigor desde 2005, aseguran que la ley no impide abofetear a un detenido, someterlo a temperaturas extremas o a un simulacro de ahogamiento.

Organizaciones de defensa de los derechos humanos se indignaron y los legisladores demócratas exigieron que los documentos fueran enviados al Congreso, un asunto que podría influir en la confirmación que el Congreso debe hacer del nuevo ministro de Justicia, Michael Mukasey.

La administración debió renunciar en 2004 a un primer documento elaborado dos años antes y que estipulaba que no estaba prohibida ninguna técnica de interrogatorio mientras no provocara un dolor físico extremo.

Sin desmentir la existencia de nuevos documentos, la administración se negó a hacer referencia a su contenido e insistió nuevamente en la necesidad de "técnicas alternativas" en los interrogatorios de los presuntos terroristas, particularmente en el marco del programa de cárceles secretas de la CIA.

El Gobierno "puso en marcha este programa por una buena razón: proteger a los estadounidenses, y cuando encontramos a alguien que podría tener informaciones sobre un potencial ataque contra Estados Unidos, no nos incomoda mantenerlo detenido ni interrogarlo", dijo Bush este viernes.

Su asesora en Seguridad Interior, Frances Townsend declaró el jueves de noche a la cadena CNN que de los cien sospechosos que pasaron por las prisiones secretas de la CIA, sólo un tercio había sufrido técnicas alternativas, aplicadas de manera gradual por interrogadores experimentados.

Pero los testimonios de ex detenidos en sitios secretos de la CIA, en el centro de detención de Guantánamo, en la cárcel iraquí de Abu Ghraib y en la afgana de Bagram, e incluso en la base naval de Carolina del Sur (sureste), sugieren, sin embargo, que muchas de esas técnicas fueron aplicadas de forma sistemática, generalizada y no siempre controlada.

Ex detenidos, la mayoría liberados sin ningún cargo en su contra, relataron que fueron mantenidos en un aislamiento absoluto durante meses, privados de sueño y de la luz solar, desnudos en celdas minúsculas, sofocantes o heladas, u obligados a estar durante horas en posiciones dolorosas, sometidos a una música atronadora.

Estas denuncias fueron confirmadas por varios documentos oficiales.

Divulgadas en 2005, las actas del interrogatorio de Mohammed Al-Qahtani, un saudí detenido en Guantánamo, detalla en 83 páginas, casi minuto a minuto, el encadenamiento de esas técnicas aplicadas al sospechoso entre noviembre de 2002 y enero de 2003.

Este año el FBI también hizo públicos los informes redactados por decenas de agentes que volvían de sus misiones en Guantánamo y que denunciaban los malos tratos que habían presenciado: detenidos, rapados a la fuerza, esposados al suelo durante más de 24 horas y enfrentados a perros agresivos.