En el fondo de cráter de la 'Zona Cero', el Papa oró por las víctimas

NUEVA YORK (AFP) — El papa Benedicto XVI oró el domingo en la 'Zona Cero', sitio de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, durante una ceremonia donde primó la emoción y en la cual participaron supervivientes y familiares de algunas de las 3.000 víctimas que dejaron los ataques.

La masa funcionarios, religiosos y de los 24 supervivientes o familiares de las víctimas invitados a la ceremonia, rodea la blanca silueta del Papa, minúscula en medio de las grúas y la maquinaria de obra que construyen las nuevas torres, en el lugar de las derrumbadas el 11 de septiembre de 2001.

Dos largos minutos de rezos arrodillado sobre un reclinatorio, y Benedicto XVI se incorpora, enciende un cirio como símbolo de esperanza de resurrección y lee una oración en inglés, un llamamiento a la paz y a la victoria del amor sobre el odio, antes de bendecir el lugar.

"Dios de paz, trae la paz a nuestro mundo violento: la paz en el corazón de todos los hombres y todas las mujeres, la paz entre las naciones de la tierra", dice el Pontífice. "Lleva por tu camino de amor a todos los corazones y los espíritus consumidos por el odio", continúa.

La niebla que cubre la cima de los rascacielos vecinos y el penetrante frío añaden emoción al carácter desgarrador de la primera visita de un Papa a este lugar, que será por siempre el cementerio de un millar de personas nunca encontradas, ya que sus cuerpos fueron reducidos a cenizas en la hoguera que siguió al derrumbe de las torres.

Veinticuatro testigos de ese día apocalíptico desfilan ahora para arrodillarse ante el Papa, besarle la mano e intercambiar algunas palabras con él: policías o bomberos de Nueva York que escaparon a tiempo de las torres donde tantos colegas perdieron la vida, padres de víctimas, hombres y mujeres. Benedicto XVI evocó en su oración a todos los "bomberos, policías, miembros de los servicios de emergencia", a "todos los hombres y mujeres inocentes que fueron víctimas de esta tragedia, simplemente porque su trabajo o su servicio los trajo aquí el 11 de septiembre de 2001.

El Papa también pidió a Dios curar "el sufrimiento de las familias todavía apenadas y de todos aquellos que perdieron a uno de los suyos en esta tragedia" y los atentados al Pentágono y Shanksville (Pensilvania, noreste) ocurridos el mismo día.

Un policía herido en el atentado se acerca cojeando fuertemente, una mujer llora, otra dialoga un poco más tendido con el Papa. Un violonchelista toca en sordina series de Bach.

El ruido de un avión alto en el cielo perturba a veces el recogimiento de los asistentes, despertando el recuerdo de dos aviones de línea que vinieron a golpear las torres seis años y medio antes.

Se terminó. Menos de media hora después de su llegada, Benedicto XVI sube de nuevo al papamóvil acristalado con el que descendió hasta el fondo del cráter. En lo alto de la rampa, a la altura de la calle donde se mantiene al público a distancia, fanfarrias de gaitas y tambores de los bomberos neoyorquinos saludan su partida.